¿Un problema persistente? Intenta reformularlo.

La forma en que encuadres un problema influirá en cómo lo resuelvas. Por lo tanto, las palabras que elijas para describirlo son de vital importancia.



Es muy importante comprender profundamente el problema antes de empezar a pensar en las soluciones. Cómo decía Charles Kettering, "un problema bien planteado es un problema medio resuelto".


¿Qué es un problema bien planteado? Hay algunos de los errores obvios que se deben evitar: presentar una solución en forma de problema o confiar en generalidades en lugar de detalles.


Cuando las soluciones que damos a un problema no son efectivas hay que pensar en la redacción del enunciado. La elección de palabras es importante. Específicamente, hay prestar especial atención a la forma en que se expresa el problema y en la forma en que se mide.


Pero esto no es solo una cuestión de sutilezas sobre la semántica. Las dos consideraciones del párrafo anterior, marcarán la trayectoria de cómo resolver el problema. Un pequeño cambio en el planteamiento o la medición puede llevarte a un conjunto de medidas a implementar completamente diferente.


Veamos un ejemplo:


Pensemos en una empresa que no es capaz de innovar lo suficiente en su mercado. Formulemos tres formas posibles de enunciar el problema:


- No innovamos tanto como nuestros competidores.

- Sólo sacamos un nuevo producto/servicio al mercado cada año.

- Sólo el 5% de nuestros ingresos provienen de productos desarrollados en los últimos tres años.


El primer enunciado del problema es vago y está mal definido. Aun así, te lleva a una indagación sobre la medición. ¿Cómo medimos la innovación? ¿Cómo la miden los competidores?


El segundo enunciado nos lleva a investigar el proceso mediante el cual las innovaciones se llevan al mercado.


El tercero nos hace considerar el precio, la promoción y la ubicación de nuevos productos y/o servicios.


Si somos sinceros, no hay nada de malo en ninguno de los enunciados. Todos nos conducen a una reflexión. Aunque, es importante reconocer que las palabras que elijas tienen un impacto tremendo tanto en la trayectoria de los esfuerzos de resolución como en las ideas que intentarás aterrizar.


La próxima vez que te enfrentes a un problema en el que te cueste encontrar la solución, intenta reformularlo. Probablemente descubrirás que un pequeño cambio en las palabras puede producir un gran cambio en la perspectiva.